Así soy yo
No hay ni un solo día del año en el que no me haga esta pregunta: ¿por qué todo lo cruel, lacerante, o humillante va a parar siempre a mi persona?
Mi vida nunca ha sido ejemplar; siempre ha estado marcada por la fatalidad del destino, por la muerte, por el sufrimiento en todas sus formas. Puede parecer exagerado, lo sé, pero es este mi punto de vista.
No soy perfecta. Mis numerosos defectos podrían ser la causa de todo lo malo que acontece alrededor mío.
Para empezar, diré que es imposible, totalmente imposible que tome la iniciativa de hacer las paces tras una pelea. No importa lo valiosa que sea para mí la otra persona, ni el cariño que le tenga, ni siquiera si lo pasa mal. Es inútil. Mucha gente dirá que es por falta de aprecio hacia la otra parte, porque no me interesa, porque no la quiero. No es cierto. Simplemente soy así.
Haré mención de otro de mis grandes defectos que, sin lugar a dudas, es el de considerar aquello que quiero como solo mío. Sí, soy posesiva cuando quiero verdaderamente a alguien. Nadie más lo tendrá, deseo cuidarlo, deseo estar incluida en todos sus planes, deseo que siempre piense en mí. ¿Qué le voy a hacer? No puedo evitarlo.
Pero si hay algo que me caracteriza es mi indecisión. Pienso tanto las cosas, dudo tanto de todo, que cuando me voy a dar cuenta se esfumó mi oportunidad. Por eso mi vida está colmada de desilusiones y de fracasos.
Soy desordenada, demasiado desordenada. Para mí no existe nada mejor que dejar la ropa apilada en una vieja silla destartalada. No me apetece colgarla, ¿y qué? ya se encargará otra persona.
Soy sugestionable; siempre o casi siempre me dejo influir por los demás. Ya puedo sentirme muy segura de algo y estar convencida ciegamente, que al llegar alguien con una crítica hacia mi pensamiento cambio totalmente de opinión. Este es uno de los defectos que más me gustaría erradicar.
Para acabar con esta lista, que es mucho más larga, mencionaré otros defectos típicos en mí y, creo saber, en la mayoría de la sociedad actual. En primer lugar mi avaricia. Quiero poseer cualquier cosa que me llame la atención, a como dé lugar. Mi egoísmo ocasional y mi falta de empatía suelen ser mis peores enemigos. A veces solo pienso en mí misma, en mi beneficio. Rara vez me pongo en el lugar del otro, aunque lo intento de veras, pero siempre me puede el orgullo.
A pesar de todo, mis amigas me reconocen virtudes. ¿Virtudes? Pero, ¿puedo tenerlas yo? Eso me pregunté cuando me lo dijeron, y parece que sí.
Me describen hospitalaria: siempre socorro y ayudo a los necesitados, soy un alma caritativa que si tuviera mucho dinero construiría un albergue para animales abandonados.
Me otorgan el privilegio de ser graciosa y simpática. Parece que nadie necesita un payaso si estoy yo delante.
Parece que soy cariñosa. Me paso el día besando, abrazando y mimando lo que más quiero. Ya sea a personas, al perro, o a un osito de peluche. ¡Qué tierna!
La honestidad parece que me caracteriza. Sí, siempre con la verdad por delante. Siempre digo lo que pienso, aunque procuro cuidar las formas. Por supuesto, no soporto la mentira.
Otra gente me concede la virtud de la fidelidad. Nunca sería infiel y no permitiría que lo fueran conmigo. Es lo que hay. No creo en la escusa del desliz, ni en la de "me pasé con el alcohol".
Soy creativa. Amo el arte, aunque admito que la pintura no se me da bien. Sin embargo, me reconocen el don de la buena escritura, la retórica, la poesía.
Otra virtud que me supone ventajas y también inconvenientes es mi perseverancia. Si algo me propongo, debo conseguirlo. Puedo ser algo bueno o algo malo, pero lo lograré.
También creo ser respetuosa. Respeto cualquier opinión, orientación sexual, religión o punto de vista , aunque a veces no lo comparta.
Mis amistades más allegadas aplauden mi equidad. Es cierto que no tolero la desigualdad entre hombres y mujeres. Esa discriminación sin fundamento hacia el sexo femenino en cualquier terreno, sea laboral o social, me irrita y me hace sacar mi faceta más feminista. También me provoca gran impotencia la desigualdad en el mundo, el hambre, la miseria.
Famliares y conocidos me describen como modesta. Es cierto que rara vez hago alarde de mis facultades. Me siento incómoda cuando alguien me reconoce algo bien hecho, cuando me halaga o felicita, sea en privado o en público. No sé, es algo que me produce inquietud y que no me gusta nada.
Ahora, después de enumerar mis defectos y virtudes, quizás pueda tener una idea más clara sobre cómo enfocar y dirigir mi vida. Como ya dije no soy perfecta, y no por ello merezco ser el blanco de la humillación y la burla de todos aquellos que se creen más que yo, que se creen con derecho a jugar con mi vida, con mis sentimientos, a jurarme amor falso, a jurarme amistad falsa, a mentirme y ocultarme. No, no es justo. No es justo levantarme cada mañana y pensar que la culpa de todo es mía, que yo me lo he buscado. Es cierto que a veces soy la culpable de muchas cosas, pero eso no quita que tenga razón en otras.
Y ahora dejaré una última cosa muy clara:quien me quiera me aceptará tal y como soy, con mis defectos y con mis virtudes, y me respetará, y me valorará. Quien no esté dispuesto a elllo es mejor que salga de mi vida ahora mismo, o que no entre en ella.
Patricia Maciá Arenas
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